Si realmente quieres amar a alguien, primero necesitas amarte tú

Una de las lecciones más importantes que he aprendido es eso que oímos y leemos tanto en tantos lados: para amar a alguien primero necesitas amarte a ti. Lo había escuchado miles de veces pero eso no significaba que lo hubiera asimilado y procesado profundamente a nivel emocional.

El maestro que se encargó de enseñarme la lección fue uno de mis ex. Cuando estaba con él y hacía cosas que me hacían sentir muy mal, me ponía a pensar en frases como “Amar es aceptar al otro con todo y sus defectos”, lo cual es verdad pero es muy fácil confundir el sentido de esa frase. Todos tenemos defectos. Por supuesto. ¡Somos humanos! Pero una cosa son tus defectos y otra, comportamientos recurrentes que lastiman, ofenden, agreden o hacen sentir mal a tu pareja. ¿Por qué aceptarías vivir así? Amar no se trata de sufrir.

También pensaba en cómo podía ponerle amor a esa situación. Y en automático creía erróneamente que la solución era darle más amor a él, "amor incondicional" a pesar de que me lastimara o me faltara al respeto. Error. En ese momento me costaba verlo, pero ahora lo veo claramente: ponerle amor a esa situación significaba amarme más. Para sentir amor incondicional primero tenía que amarme incondicionalmente.

Es precisamente el amor propio el que nos permite distinguir y actuar desde el Amor. Es el amor propio el que nos ayuda a priorizarnos: sólo si yo me amo y estoy bien puedo tener una relación sana. Aprender a amarme es aprender a cuidarme, a protegerme. Amarme es respetarme y saber poner límites. Amarme es elegir lo que me hace bien, lo que alimenta mi alma. Amarme es elegir rodearme de quienes me aman, me nutren, me hacen sentir bien y me ayudan a crecer. Al hacerlo sueltas el drama, la angustia, la incomodidad... y tal vez te alejas de ciertas personas. Y está bien. Ese lugar será ocupado por quienes estén vibrando en amor como tú. Al amarte, permites que llegue a tu vida alguien con quien realmente puedas vivir una relación desde el amor y con amor.


Fue doloroso aprender la lección, sí. Pero agradezco haberla aprendido. Esos momentos de dolor me llevaron a hacer alquimia: un trabajo interno de reconocimiento y sanación, gracias al cual aprendí a amarme y hoy vivo una relación de pareja extraordinaria que me hace sentir amada, feliz y plena. No es algo reservado para unos cuantos elegidos. Es una realidad para todos aquellos que se aman profundamente. Y esa puede ser también tu realidad. Si no lo es aún, ¿estás listo para la aventura de enamorarte de ti?

Este es el mejor momento para empezar a amarte más.

Un abrazo,

Liliana